jueves, 24 de julio de 2008

José Tomás reparece en Santander


Las matemáticas son un coñazo. Pero en tardes como la de hoy sirven de respuesta a la inquietud de los aficionados. Al final del festejo había controversia. Nadie alcanzaba a aquilatar el valor real de la oreja cortada por José Tomás. ¿Cuánto vale una oreja? El peso específico de una sustancia se define como el peso por unidad de volumen, y se calcula al dividir el peso de la sustancia (oreja) entre el volumen que ésta ocupa. Según esta fórmula, el peso sería, ciertamente, irrisorio. Pero bajo la gravedad de la Tierra el kilopondio equivale, desde el punto de vista numérico, al kilogramo y esta magnitud tiene el mismo valor que la densidad, el calificativo que mejor resume la faena del torero de Galapagar.
Si nos atenemos a los hechos, habrá que empezar por decir que la corrida de Victoriano del Río careció de armonía. Y en el pecado de sus hechuras llevaron la penitencia de su comportamiento. Los dos más entipados – primero y tercero – fueron curiosamente los que mayores posibilidades ofrecieron. La palma, se la llevó el mastodonte quinto, un buey de 628 kilos, acochinado y sin cuello, que más que embestir pasó por allí y, en un determinado espacio y un tiempo concreto, se encontró con la muleta de José Tomás.
Su ausencia de casta, sus cansinos andares, su manera de desentenderse del engaño al final de cada muletazo, trató de suplirlos el torero con su ceremoniosa puesta en escena, (ahora me cruzo pasito a pasito, mientras me saco la muleta de la cadera me enfrontilo, ahora se la enseño, luego se la adelanto una cuarta y levemente cito). Si había suerte, el toro medio iba. Si no, vuelta a empezar, de tal modo que las series se hicieron densas y la faena, pesada.
Quizá por eso, al tiempo que sonaba el segundo aviso echó mano de sus célebres manoletinas. Para desengrasar. Y a su efectismo se agarró el respetable para solicitar el trofeo. A su primero, corto de manos y estrecho de sienes, también le faltó cuello para humillar, y como la pujanza y la intensidad no se encontraban entre las virtudes de su acometida, la faena volvió a convertirse en otra intentona solemne y estéril porque el toro aceptase el engaño.
El tercero se emplazó en los medios de salida y respondió con un regate de delantero centro al cite de Francisco Marco, que salió apurado del trance, pero en el último tercio, por entrega y humillación, fue el toro de la corrida. De la faena del navarro, la primera serie resultó reunida y compuesta. Elegante. La mejor de un trasteo que contó con la ilusión como principal aval y que le reportó una oreja en kilopondios tras una estocada tendida. Al feo sexto se fue a darle la bienvenida en chiqueros, pero a dicha galantería respondió el bruto con desairadas tarascadas a la altura del corbatín durante otra faena plena de entrega que esta vez no fue rubricada con la contundencia del toro anterior.
Manolo Sánchez no paseó orejas de (kp/m³) pero estuvo queriendo, como se dice ahora. Con el primero, toro manejable que tuvo el defecto de derrotar al final del muletazo, y con el cuarto, animal más deslucido que careció de embestida uniforme. Algún muletazo sentido en aquel, de mentón hundido, expresión relajada y trazo curvo – un cambio de mano, muy reunido con el toro y ejecutado prácticamente al ralentí, le salió que ni pintado – y sus vanos intentos en el cuarto, con el que se atascó descabello en mano hasta ser recriminado por el respetable, fue su escueto balance.
Información servida por: Mundotoro

No hay comentarios: